La forma en la que vemos nuestro cuerpo también depende de cómo nuestro cerebro procesa la información que recibe, de dónde dirigimos nuestra atención, de nuestras experiencias, pensamientos, emociones y del entorno en el que vivimos. Por eso, vernos y percibirnos no siempre son exactamente la misma cosa.
¿Qué es la dismorfia corporal?
Sentir inseguridad por alguna parte de nuestro cuerpo o no estar siempre conformes con nuestra apariencia no significa que exista un trastorno dismórfico corporal (TDC).
En el TDC aparece una preocupación persistente por uno o varios defectos percibidos en la apariencia que para otras personas son inexistentes o apenas apreciables. Además, aparecen comportamientos repetitivos relacionados con esa preocupación y un malestar suficientemente importante como para afectar a la vida cotidiana. El Manual MSD, siguiendo los criterios clínicos del , señala precisamente estos tres componentes: preocupación, conductas repetitivas y deterioro o malestar significativo.
Puede afectar prácticamente a cualquier característica física: piel, pelo, nariz, dientes, simetría, musculatura o forma de determinadas partes del cuerpo. Incluso aquello que preocupa puede cambiar con el tiempo.
Y aquí aparece una diferencia fundamental: tener una imagen corporal negativa no equivale a tener TDC. De hecho, expresiones que encontramos habitualmente en internet como “dismorfia de la piel”, “dismorfia de Zoom” o “dismorfia de la sonrisa” no constituyen diagnósticos reconocidos en el o la . El TDC es un trastorno clínico concreto, clasificado dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados.
¿Vemos nuestro cuerpo tal y como es?
Cuando nos miramos al espejo, nuestros ojos reciben información, pero es nuestro cerebro quien tiene que procesarla e interpretarla.
La percepción visual no funciona exactamente como una cámara. El sistema nervioso procesa características, selecciona información y la integra para construir aquello que finalmente percibimos.

Una de las líneas de investigación sobre el TDC estudia precisamente cómo se procesa la información visual. Se han investigado posibles diferencias entre el procesamiento global, que permite integrar una imagen como un conjunto, y el procesamiento local, más centrado en sus detalles. Estudios neurofisiológicos y de neuroimagen han encontrado indicios de un procesamiento diferente de información global y detallada en personas con TDC.
Por ejemplo, si observamos un rostro, podemos observarlo como un conjunto o dirigir prácticamente toda nuestra atención a una pequeña irregularidad de la piel. Si nuestra atención se vuelve constantemente hacia ese detalle, este puede terminar ocupando un espacio desproporcionado dentro de la percepción general.
Pero esto no significa que todas las personas con TDC vean literalmente una imagen diferente ni que exista una única alteración perceptiva que explique el trastorno. La investigación continúa intentando comprender qué parte corresponde a la percepción visual, cuál a la atención y cuál a la interpretación posterior que hacemos de esa información.
¿Qué ocurre en el cerebro?
No existe una única “zona de la dismorfia corporal”. La investigación apunta más bien hacia diferencias en distintos sistemas relacionados con el procesamiento visual, la atención, las emociones y la evaluación de la apariencia.
Por ejemplo, se han estudiado las vías visuales dorsal y ventral. Simplificando mucho, diferentes circuitos participan en el procesamiento más global de una imagen y en el análisis de sus características y detalles. Investigadores de UCLA y otras instituciones han encontrado diferencias en la conectividad funcional de estas redes durante el procesamiento de rostros en personas con TDC.
Otros trabajos mediante han estudiado componentes muy tempranos de la respuesta cerebral ante estímulos visuales, intentando averiguar si algunas diferencias aparecen desde las primeras fases del procesamiento de la información. Esto es interesante, pero no significa que una imagen cerebral pueda diagnosticar un TDC ni que hayamos encontrado su causa.
¿Por qué aparece?
No existe una única causa conocida. El TDC se entiende mejor desde una perspectiva multifactorial, en la que pueden interactuar factores biológicos, psicológicos, sociales y experiencias relacionadas con nuestra apariencia.
Además, suele comenzar durante la adolescencia, una etapa en la que ocurren importantes cambios físicos y sociales. La literatura clínica también ha relacionado su desarrollo con determinados antecedentes familiares y experiencias negativas relacionadas con el cuerpo, aunque ninguno de estos elementos permite predecir por sí solo quién desarrollará el trastorno.
Esto es importante porque evita explicaciones demasiado sencillas. El TDC no aparece simplemente porque una persona tenga baja autoestima, se compare mucho o utilice redes sociales.
Personas expuestas a ambientes similares pueden desarrollar relaciones completamente diferentes con su apariencia.
¿Cómo se manifiesta en el día a día?
El TDC no está formado únicamente por pensamientos sobre la apariencia. También pueden aparecer conductas repetitivas.
Mirarse constantemente en el espejo, evitarlo por completo, comparar nuestra apariencia con la de otras personas, tocar o revisar repetidamente una zona, camuflarla con ropa o maquillaje, cambiarse muchas veces, buscar constantemente la aprobación de otras personas o manipular la piel son algunos ejemplos descritos clínicamente.
Estas conductas pueden contribuir a mantener un círculo:
preocupación → malestar → comprobación o evitación → alivio momentáneo → nueva preocupación.
Mayo Clinic explica que la terapia cognitivo-conductual trabaja precisamente sobre esta relación entre pensamientos, reacciones emocionales y comportamientos, además de reducir rituales como comprobar el espejo o buscar continuamente tranquilidad sobre la propia apariencia.
Algo parecido ocurre con la evitación. No hacerse fotografías, evitar determinados lugares, esconder una parte del cuerpo o dejar de relacionarnos puede reducir el malestar momentáneamente, pero también puede hacer que nuestra vida sea cada vez más pequeña alrededor de aquello que nos preocupa. Por eso el TDC puede terminar afectando a los estudios, el trabajo, las relaciones y la vida social.
¿Qué papel tienen las redes sociales?
Nunca habíamos estado expuestos a tantas imágenes de otros cuerpos. Y tampoco todas esas imágenes representan la realidad de la misma manera. Iluminación, ángulos, poses, filtros, edición y selección forman parte de muchas de las imágenes que consumimos.
La American Psychological Association (APA) ha llamado la atención sobre cómo determinados contenidos digitales pueden reforzar ideales estéticos y preocupaciones corporales, también entre hombres y adolescentes, especialmente alrededor de fenómenos actuales centrados en modificar constantemente la apariencia.
La literatura científica también encuentra una relación entre la comparación social basada en la apariencia en redes y una mayor preocupación por la imagen corporal. Sin embargo, asociación no significa necesariamente causalidad: las personas que ya presentan mayor preocupación por su aspecto también pueden utilizar las redes de una manera diferente.
Por eso sería incorrecto decir simplemente que “Instagram o TikTok causan dismorfia corporal”. Las redes pueden actuar como un contexto en el que aumenten las comparaciones, la exposición a determinados ideales estéticos o la atención hacia la apariencia, pero el TDC es mucho más complejo.
¿Cuándo debemos pedir ayuda?
Quizá una de las preguntas más útiles no sea simplemente “¿me gusta mi cuerpo?”, sino: “¿Cuánto espacio ocupa mi apariencia en mi vida?”
Cuando los pensamientos sobre el aspecto son difíciles de controlar, consumen mucho tiempo, producen un malestar intenso o empiezan a interferir en las relaciones, los estudios, el trabajo o actividades que antes realizamos con normalidad, es importante consultar con un profesional de salud mental.
Además, el TDC puede coexistir con otros problemas de salud mental y asociarse con aislamiento social, depresión y riesgo de conducta suicida, por lo que no debemos reducirlo a una preocupación estética superficial.
La adaptada al TDC trabaja sobre pensamientos, interpretaciones y conductas que mantienen el problema y puede incorporar técnicas de exposición y prevención de respuesta. En determinados casos también se utilizan fármacos, especialmente , siempre dentro de una valoración clínica individualizada.
Las personas con TDC pueden buscar tratamientos dermatológicos, dentales o procedimientos estéticos, pero estos suelen producir poca mejoría del trastorno porque el problema no reside únicamente en la característica física que se intenta cambiar.
Fuentes

